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Guión, dirección y montaje de Chris Kentis
SECCIÓN OFICIAL SUNDANCE

www.openwatermovie.com

Sinopsis


OPEN WATER, basada en hechos reales, nos introduce en las vacaciones de una joven pareja, Daniel y Susan (Daniel Travis y Blanchard Ryan), en una isla. Antes de que cojan el vuelo que les llevará hasta allí, el espectador sabe que la relación entre Daniel y Susan pasa por un momento especialmente tenso debido al estilo de vida de ambos, centrado excesivamente en el trabajo; necesitan unas vacaciones más de lo que creen.
A la mañana siguiente, la pareja, submarinistas titulados, cogen un barco de buceo que les llevará a explorar el arrecife. El barco está lleno de veraneantes, y, debido a unos errores de comunicación fortuitos, tras sólo cuarenta minutos de buceo aproximadamente, la pareja se queda rezagada y el grupo regresa sin ellos.
El resto es la historia de la terrible experiencia que vivirán: muertos de frío, solos y a kilómetros de la costa, la pareja flota a la deriva en unas aguas infestadas de tiburones.
OPEN WATER nos enseña lo poco que solemos valorar nuestras cómodas vidas y nuestras relaciones y nos recuerda lo frágil y vulnerable que es el hombre moderno frente al inmenso e indiscriminado poder de la naturaleza.

Acerca de la película


El director y guionista Chris Kentis y la productora Laura Lau comenzaron este proyecto con la dificultad que entraña rodar una película basada en hechos reales (una pareja que practica el submarinismo en aguas tropicales es abandonada por error por el resto del grupo en mitad del océano) y acabaron creando un ingenioso thriller lleno de angustia y tensión. OPEN WATER, que se rodó en fines de semana y días festivos, no recurre a efectos especiales de mala calidad o creados por ordenador. Por el contrario, los actores Blanchard Ryan y Daniel Travis dedicaron más de 120 horas a bucear, a treinta y dos kilómetros mar adentro, entre todo tipo de fauna marina, incluidos auténticos tiburones de carne y hueso que confieren a la película una veracidad escalofriante.
El filme capta un impresionante espectro de luz oceánica, desde un hipnótico color aguamarina hasta una amenazante oscuridad, y nos recuerda lo emocionante que resulta asustarse con los miedos más primarios, concretamente el miedo a lo que creemos que puede acechar justo debajo de la superficie.
OPEN WATER nos enseña lo poco que solemos valorar nuestras cómodas vidas y nuestras relaciones y nos recuerda lo frágil y vulnerable que es el hombre moderno frente al inmenso e indiscriminado poder de la naturaleza.
Al igual que Susan y Daniel, los artífices de OPEN WATER también poseen el diploma de buceo en mar abierto y también son pareja. A diferencia de Susan y Daniel, Laura Lau y Chris Kentis están casados y tienen una hija. "La tensión entre la pareja en la película -declaró Lau para la revista Salon durante el Festival de Cine de Sundance 2004- ¡no tiene nada que ver con nuestro matrimonio!"
Lau y Kentis forman un buen equipo de producción. Aunque sus tareas a veces se solapan, Lau produjo OPEN WATER y se encargó de la fotografía junto con Kentis, quien, por su parte, escribió el guión, dirigió y montó la película y se encargó de la fotografía en el agua y bajo ésta.
La actriz Blanchard Ryan opina que la dinámica de equipo que Lau y Kentis dieron a OPEN WATER fue una parte importante de la película. "Trabajar con una pareja nos hacía sentir mejor, porque se trataba de un filme arriesgado en muchos sentidos: la desnudez, los tiburones, el tener que trabajar en el océano y rodar una película con dos actores que nadie conoce. Nosotros confiamos en ellos y sabíamos que no habría choques como en otros equipos, y eso nos hacía sentir bien."
El agua en OPEN WATER guarda bastante más relación con el título de la película que, por ejemplo, los poderes de videncia de un niño en El resplandor. Omnipresente, bella, aterradora y siempre cambiante, el agua del océano y la luz que desprendía se convirtieron en el medio y en la inspiración de los realizadores. El agua se convirtió también en un miembro más del pequeño equipo (formado por Chris Kentis, Laura Lau, la hermana de Laura y el capitán del barco), desempeñando a veces el trabajo equivalente al del jefe de eléctricos con la forma en que su superficie vaporosa, lisa o picada reflejaba los diferentes tonos e intensidades de luz del sol y del cielo, la luna e incluso algunos amenazadores relámpagos.
El océano sirvió además de medio de transporte, ya que sus vientos y corrientes trasladaban a los actores y al equipo de un sitio a otro. Y también hacía de attrezzista, trayéndonos una mata de algas para una escena y un banco de medusas o una barracuda de dientes afilados para otra.
Sin embargo, había días en que, de haber sido realmente el océano un miembro del equipo, Lau y Kentis lo habrían despedido.
"Debíamos cuidar mucho la continuidad -afirma Lau-. Cuando el cielo cambiaba teníamos que pasar a otra escena. Al final del rodaje perdimos varios días por culpa del tiempo fantástico que hizo, con cielos azules y despejados y un sol radiante, ya que las condiciones eran demasiado perfectas para las escenas que quedaban por rodar."
"De todas formas, la mayor parte del tiempo la madre naturaleza estuvo de nuestro lado -afirma Kentis-. El día que teníamos que rodar la escena con las medusas es un buen ejemplo." "Las medusas aparecieron de repente, sin más", recuerda Daniel Travis. "Y fue el único día de rodaje en que vimos medusas -añade Kentis-. En un principio, yo había previsto ir a un sitio especial para encontrarlas con el fin rodar la parte de la escena que se desarrolla bajo el agua, pero entonces vinieron hacia nosotros inesperadamente."
La idea de OPEN WATER surgió de una noticia que circuló por las revistas y los boletines de submarinismo hace unos años. Se trataba de dos buceadores que se habían quedado abandonados en mitad del océano. Kentis, que practica el submarinismo, empezó a investigar para ver si se trataba de un hecho aislado o de algo habitual. Descubrió que, aunque era algo poco frecuente, se habían dado algunos casos similares. También investigó sobre hombres a la deriva en el mar durante la guerra. Mediante esta investigación amplió sus conocimientos sobre los cambios psicológicos y fisiológicos que sufren la mente y el cuerpo de las personas bajo la tensión de quedar abandonadas y expuestas al mar y al cielo abiertos.
"Cuando me senté a escribir la película no estaba interesado en reflejar personas reales que hubieran pasado por una experiencia como ésta -explica Kentis-. No investigué sobre estas personas. No pretendía hacer una representación de sus relaciones ni de sus vidas, porque quería respetar su intimidad y porque la historia no lo requería. También quisimos dar cierta ambigüedad al lugar en el que se desarrolla la historia, para no influir en el destino turístico de nadie. Lo que realmente me interesaba transmitir era el hecho de que esto puede suceder y de hecho ha sucedido, el terror de quedarte solo en mitad del mar y lo que se siente (y pensé que además sería una buena historia con moraleja). Llegamos dando tumbos a un lugar exótico, lo pavimentamos todo y nos servimos copas los unos a los otros. Vamos a esos lugares con arrogancia, olvidando que nosotros también somos animales en la cadena alimentaria."
No sólo la cadena alimentaria (y el lugar que ocupamos en ella) constituye un tema constante en toda la película, sino que la manipulación de la cadena alimentaria desempeñó un papel importante en la producción. Para crear el dramatismo inherente en la situación de una pareja abandonada en el mar que se enfrenta al peligro terminar convirtiéndose poco a poco en comida, Kentis y Lau llevaron la mayor parte del rodaje al mar abierto, en la zona de las Bahamas. Allí, trabajaron con un experto local en tiburones, que les guió hasta una población de tiburones muy acostumbrada a la presencia humana.
Los expertos en tiburones y el equipo de rodaje manipulaban los movimientos de los escualos lanzando al agua trozos de carne de atún llena de sangre, muchas veces cerca de los actores. Como explica Kentis, "lanzábamos comida al agua para que los tiburones se movieran, pero cuando había demasiados trozos en el agua, los tiburones se ponían frenéticos y entonces los actores tenían que salir del agua. Entonces, Laura seguía rodando en su plataforma, que subía y bajaba hasta tocar la superficie mientras los tiburones se movían como locos debajo. A veces, ella tenía las piernas metidas en el agua cuando rodábamos."


"Blanchard se ponía muy nerviosa por si me pasaba algo -añade Lau-. Me decía: "¡Laura, cuidado!", sobre todo cuando lanzábamos la comida al agua desde esa plataforma y estaba chorreando sangre de pescado. Pero yo sabía que los tiburones no iban a por mí, y confiaba en los expertos que trabajaban con nosotros". "Estábamos trabajando con los mejores", secunda Kentis. Aunque a menudo el director se encontraba rodeado de tiburones, se sentía completamente a salvo. "En el agua, con la cámara, recibía golpes todo el rato -recuerda Kentis-. Había veces que miraba abajo y lo veía todo gris en lugar de azul." Había entre 45 y 50 escualos, en su mayoría tiburones grises, con algunos tiburones toro de entre dos y tres metros de longitud.
El calendario de producción de la película se fijó en torno al periodo de trabajo con los tiburones. "Toda la parte emocional, como los gritos y los chapoteos, se hizo semanas más tarde, cuando ya habíamos terminado de trabajar con los tiburones, como medida de protección", explica Kentis. Pero aun así hubo algunos encuentros peligrosos.
La seguridad fue prioritaria en el trabajo con los tiburones. "Aunque teníamos un presupuesto bajo, la seguridad estaba por encima de todo -afirma Lau-. No sólo exigíamos a los actores el diploma de buceo en mar abierto, sino que asumimos la carga económica que representa rodar en las Bahamas, donde están los mayores expertos en producción cinematográfica con tiburones."
Los actores Blanchard Ryan y Daniel Travis llevaban una cota de malla protectora bajo sus trajes isotérmicos, lo que les protegía del peligro de mutilación pero no de los hematomas producidos por las mordeduras. Por suerte, ningún tiburón mordió a los actores, aunque el primer día de rodaje una barracuda mordió a Ryan.
"Sangraba muchísimo -recuerda Ryan-. Y yo me puse a decir: "¿lo habéis filmado?". Ya que me habían mordido, al menos que se pudiera aprovechar para la película."
Kentis no llegó a captar imágenes de la mordedura, aunque ésta se produjo al rodar la escena en el que los personajes de Ryan y Travis tontean entre los corales, los peces ángel y las anguilas.
"Daniel tenía mucho menos miedo de los tiburones, pero yo estaba aterrorizada -afirma la actriz Blanchard Ryan-. El primer día de rodaje, Chris se metió en el agua, Daniel se metió en el agua y los dos se pusieron a nadar, mientras los tiburones se comían el atún sin prestarles atención. Entonces pensé: "menuda gallina estoy hecha, ¡tengo que meterme en el agua!", pero de todas formas estaba muerta de miedo."
Daniel Travis añade: "Cuando querían que los tiburones se acercaran de verdad, lanzaban los trozos de atún justo al lado de donde estábamos nosotros Y yo gritaba "¡ése ha caído un poco cerca!, ¡no tan cerca!""


La productora, Laura Lau, subraya que, aunque los actores pasaron por alguna experiencia angustiosa, no corrieron ningún peligro mientras flotaban entre los tiburones. "Es una población de tiburones conocida, y las personas con las que trabajamos bucean con ellos todos los días. Los tiburones saben, casi como si fueran palomas, que se les va a echar comida y no prestan atención a los submarinistas que hay en el agua, pero es verdad que Daniel y Blanchard no podían chapotear demasiado porque podrían haber recibido alguna mordedura accidental. Tienes que ir con mucho cuidado siempre que estás cerca de animales con dientes largos y puntiagudos. Eso sí, en ningún momento tuve la sensación de que nadie corriese peligro."
"Trabajar en el agua con tiburones de verdad era para mí la esencia de la película -agrega Kentis-. Ahora parece que en la mayoría de las películas todo se hace con imágenes creadas por ordenador, y al menos yo no tengo la misma sensación de peligro que la que tenía con las películas de los 70 y los 80, en las que veías a especialistas haciendo cosas increíbles y cuando veías un choque decías: "¡la virgen, si en ese coche iba una persona!""
"Era importante trabajar con tiburones de verdad para plasmar la forma en que las colas se mueven rápidamente en el agua, como si fueran ratas, y no como la típica aleta de las películas de Hollywood, que va surcando suavemente la superficie.

F O T O S o p e n w a t e r

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Acerca de los actores


Blanchard Ryan nació y se educó en Nueva Inglaterra y se licenció en Filosofía Política por la universidad de New Hampshire. Empezó como actriz trabajando en anuncios mientras estudiaba interpretación e improvisación en la ciudad de Nueva York. Antes de abordar su papel de Susan en OPEN WATER, Ryan actuó en varias películas independientes, como My Sister's Wedding, Remembering Sex y Exceed, y figuró en Los supermaderos (Broken Lizard's Super Troopers), de la Fox Searchlight, y en la producción de Kevin Smith Big Helium Dog.
Ryan también apareció en la serie "Sexo en Nueva York" de la cadena estadounidense HBO y actuó frecuentemente en sketches del programa "Late Night with Conan O'Brian", de la NBC.

Daniel Travis creció en Clarkston (Michigan) y estudió en la universidad de Miami, en Oxford (Ohio), donde se licenció en Artes Dramáticas. Seguidamente estudió en la Mason Gross School of the Arts en la Universidad de Rutgers, donde obtuvo la maestría en Bellas Artes.
Entre los papeles que ha encarnado Travis sobre el escenario destacan el de John Buchanan en Verano y Humo, el del conde de Richmond en Ricardo III y el de Paul Bratter en Descalzos en el Parque. También ha aparecido en "Sexo en Nueva York" y en la serie protagonizada por Richard Dreyfuss "The education of Max Bickford".
OPEN WATER es la primera película en la que Travis ha actuado.


Acerca de los creadores


OPEN WATER es el segundo largometraje del guionista, director y montador Chris Kentis. Su primera película fue Grind, protagonizada por Billy Crudup, Adrienne Shelly y Amanda Peet. Kentis, titulado por la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York, es un laureado montador de anuncios y tráileres.
Laura Lau, titulada por la universidad de Columbia, ha producido y ha sido codirectora de fotografía de OPEN WATER. También produjo y coguionizó Grind, la primera película de su marido Chris Kentis.
Kentis y Lau viven y trabajan en Nueva York.

Chris Kentis en Madrid
Chris Kentis en Madrid, dio una rueda de prensa con Laura Lau

 

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